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23/03/2014 FRIGILIANA CORTIJO DEL IMÁN

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Categoría: Senderismo

En esta ocasión nos vamos a dirigir a nuestro objetivo en autobús. Y poco después de las 7.30 de una mañana de cielo azul y temperatura primaveral nos ponemos en marcha. El autobús nos deja en Frigiliana y por la plaza del pueblo nos encaminamos al río Higuerón. Seguimos un sendero que discurre por la ladera del río hasta llegar a la alberca que hoy está repleta de agua. Cruzamos al otro lado del río y continuamos por un sendero estrecho que sube entre pinos y nos hace entrar en calor antes de alcanzar el puerto. Desde aquí tenemos impresionantes vistas de algunos de los picos más emblemáticos de esta sierra. Desde el Lucero hasta el Cielo. En el horizonte brilla el sol en el mar y delante Nerja.

 

Antes de proseguir hacemos un alto para tomar aire, reponer energías y disfrutar del paisaje. Ahora la senda baja suavemente entre romeros en flor y palmitos. A nuestro alrededor lomas pintadas de verde vigiladas por los picos más altos. Después de algunas subidas y bajadas empezamos a oír el rumor del río. Hemos llegado al Chillar. Tras un momento de dudas, al fin encontramos el sendero perdido entre la vegetación que nos va a conducir hasta la presa a la que llegamos tras cruzar de orilla en varias ocasiones, saltando con éxito de piedra en piedra y poniendo a remojo algún que otro zapato.

En este punto el grupo se va a dividir. Unos optan por quedarse y comer aquí, y otros decidimos seguir camino del cortijo del Imán. Quedamos en que todos vamos a volver por la acequia para llegar a Nerja.

Los que seguimos continuamos la marcha por un sendero que está muy bien señalizado con hitos de piedra. Caminamos por piedras redondeadas por el paso del agua hasta que dejamos el cauce para subir por un senderillo estrecho y que a medida que caminamos parece cerrarse más y más por la vegetación. Predomina el romero que en ocasiones es tan alto que nos tapa por completo. Pero tampoco faltan las aulagas que no dejan sin marcas a ninguno. Avanzamos por una selva mediterránea apartando ramas y mirando al suelo pues a veces la senda se estrecha y apenas deja espacio para un pie. Con lo que tenemos que ir con mucho cuidado ya que caminar fuera del límite puede suponer una caída al vacío y ser engullido por la maraña de plantas que cubren la ladera. Subimos con trabajo y poco a poco el rumor del agua se hace más tenue. Cuando la vegetación nos lo permite podemos asomarnos al valle por el que discurre el río y que ya queda muy abajo. Delante las montañas aparecen cada vez más imponentes y el Almendrón aparece ante nosotros imponente. Al fin damos vistas al cortijo que aparece encaramado en el otro lado del barranco. Calculamos que todavía nos puede quedar una hora antes de llegar a él y el tiempo se nos ha echado encima, así que decidimos volvernos.

La bajada, aunque no exenta de arañazos, se nos hace mucho más rápida y enseguida alcanzamos el río donde damos cuenta de los bocatas. Una piedra junto al agua o a la sombra de un árbol es el sitio perfecto para reponer energías y descansar un momento antes de proseguir la marcha. Desandamos el camino hasta la presa. Nuestros compañeros se han adelantado y nosotros los seguimos por la acequia. Delante nos quedan seis km. en los que el borde de la acequia va a ser todo lo que pisemos. En algunos tramos está cubierta pero en los más tenemos,  a un lado el agua y al otro, unas veces un alambre y otras solo vacio. Pero lo peor todavía estaba por llegar, cuando llegamos a un trecho en el que un río de piedra se precipita sobre la acequia, no podemos subir y mucho menos bajar, solo nos queda cruzar con mucha precaución y muchos como yo, muertos de miedo. Ayudándonos unos a otros al fin podemos respirar ¡Todos hemos pasado! Un poco más adelante, por fin llegamos a la alberca en la que finaliza la acequia. Ahora nos toca bajar. El sendero baja zigzagueando entre piedra suelta pero cuando llegamos a un tubo se precipita vertiginosa hasta  casi el cauce del río. Ya solo nos quedan algún que otro salto y algún que otro zapato mojado antes de llegar al pueblo donde  buscamos el autobús. Son las 7.30 cuando al fin lo vemos junto al campo de futbol. ¡Hemos llegado sanos y salvos!

Pero claro está no hemos alcanzado nuestro objetivo con lo que tenemos una excusa para volver en otra ocasión.

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