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5-10-2014 CANCANEO POR EL TORCAL

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Categoría: Senderismo

 

Poco después de las ocho de la mañana ya estamos en el parking del Torcal. A estas horas hay pocos coches, pero nosotros somos un grupo bastante numeroso y llenamos la mañana con nuestros sonidos. Estamos expectantes pues hoy toca cancaneo y ya hemos visto a nuestro guía con unas tijeras de podar y unos guantes. ¿Qué sorpresa nos tendrá preparada? Todos sabemos lo que un cancaneo significa, así que podemos esperar cualquier cosa.

 

Iniciamos la marcha hacia el puerto de las Abejas y pasamos junto al peñón de Pizarro. Hace una mañana casi primaveral, la temperatura es muy agradable y en el cielo azul hay algunas nubes blancas de algodón. Enseguida dejamos el sendero y nos encaminamos a una zona en el que las rocas forman una especie de castillo. Una Roca alto y gorda parece el vigía del lugar. Aquí ya tenemos que hacer algún salto antes de volver al sendero que traíamos, porque en un cancaneo el camino que elegimos no es el más corto o el más cómodo sino el más complicado. Todos seguimos al guía que tijera en mano nos abre camino cuando las zarzas no nos dejan paso.

 La hora del desayuno nos pilla en un sitio en el que la imaginación puede ver rocas con forma de sillón, otras como un cáliz pequeño o incluso una mesa. En el horizonte se recorta el Camorro de Chimeneas y la Huma. La vega de Antequera se distingue entre la bruma y a nuestro alrededor el laberinto pétreo que forma el Torcal ¡Unas vistas inmejorables!

Con los estómagos contentos reanudamos la marcha. Subimos y bajamos siguiendo senderos de cabras que nos vigilan atentas desde la seguridad de altas rocas. Pasamos por algunas zonas más llanas donde entre el pasto amarillo empieza a asomar el verde y vemos endrinos cargados con enormes frutos. Algunos no se resisten a cogerlos, todavía es tiempo de elaborar alguna botellita de pacharán. También hay muchas moras que están deliciosas.

Nuestro rutero nos lleva por zonas umbrías cubiertas de musgo en las que crecen algunos arces muy bonitos que ya empiezan a vestir sus ramas con los colores rojizos del otoño. Y sorteando unas rocas grandes llegamos a lo que nosotros conocemos como el bosque de las hadas. Un bosquecillo escondido donde crecen espinos de troncos cubiertos de musgo y suelo verde de hierba. Desde luego un sitio donde yo viviría si fuera un personaje mágico de cuento de hadas. Salimos del bosque al camino convencional que siguen los turistas. Aunque pronto lo abandonamos para internarnos en el callejón ancho y, bajo la atenta mirada de algunas cabras, trepamos hasta donde está el “Púlpito”, y como no, allá que nos subimos a él.

De nuevo salimos a la ruta amarilla y nos encaminamos hasta las “Ventanillas” Pero como es natural, no volvemos a los coches por el camino más fácil, sino que lo hacemos por la pequeña ferrata que hay bajo el mirador.

Y así es como damos por terminada la jornada en la que hemos disfrutado de nuestro Torcal del que por muchas veces que vengamos nunca nos cansamos y siempre nos parece sorprendente y mágico.

   

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