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21-06-2015 RÍO HIGUERÓN

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Categoría: Senderismo

Para estrenar el verano nos vamos a un río, el Higuerón, en Frigiliana. Llegamos allí sobre las nueve de la mañana y muy decididos salimos a su encuentro. El inicio del recorrido los hacemos pasando por una gran alberca que dejamos atrás con la promesa de bañarnos en sus limpias aguas a la vuelta. Atrás dejamos también un área recreativa donde a la sombra de unos pinos hay algunas mesas. Los niños que hoy nos acompañan están deseando llegar al agua y en cuanto aparecen los primeros charcos allá que se meten sin dudar, aunque los no tan niños tienen ganas de juego y también se empeñan en mojarnos.

Mientras, yo pienso que no hay que correr, ¡hoy nos vamos a hartar de agua!

Pero antes tenemos que pasar por un ancho  pedregal donde el agua brilla por su ausencia. Poco a poco las laderas de la sierra se van acercando,  el cauce se estrecha y el río aparece saltando entre las rocas desgastadas por el constante paso del agua. Las adelfas adornan los márgenes con sus flores rosas y el río forma algunas pozas donde es ineludible darse un remojón. De tanto en tanto salimos del agua por los senderillos que hay a los lados, pero a medida que el cauce se encallejona entre altas paredes no tenemos más opción que caminar por el lecho del río.

A medida que subimos aparecen algunos obstáculos que tenemos que superar, unos solos, y otros con la ayuda de una mano amiga, pero lo más complicado está por llegar, tenemos que subir por una gran roca que resbala bastante, suerte que hay una escala y una cuerda que han dejado allí, y todos superamos la prueba. Ya solo nos queda pasar otro salto, por el cauce o por un senderillo, antes de que el río se encallejone más hasta llegar casi a una cueva donde cae el agua en forma de cascada con gran fuerza y estrépito. Ponerse debajo resulta difícil, pero desde luego no imposible y allá que nos metemos antes de iniciar el camino de vuelta, tenemos que dejar sitio, hay gente esperando.

Pasar la piedra grande nos lleva bastante rato, somos mucho y bajar es algo más complicado, aunque nos ingeniamos unos arneses que nos dan seguridad y al fin todos bajamos y buscamos una piedra donde sentarnos a comernos el bocata.

Cuando dejamos atrás el agua y llegamos a una acequia se plantea la consabida cuestión, “tenemos dos opciones” en esta ocasión las alternativas son o seguir por donde vinimos o ir a la aventura por la acequia. Al final la mayoría deciden optar por la aventura, eso sí, con mi voto en contra. Así pues nos encaminamos por el borde de la acequia que según dicen nos va a lleva a lo alto del pueblo. El primer obstáculo lo tenemos  al poco, hay que meterse por un agujero pues una roca impide el paso y la única salida es meterse en la acequia y hacer contorsionismo. Por suerte José Manuel encuentra un sendero que supera el paso y algunos lo evitamos. La acequia va dibujando cada relieve de la ladera, parece interminable y el sol aprieta. Abajo vemos el río que todavía lleva agua, mientras nosotros pasamos por el borde de la acequia que en algunos tramos solo tiene el precipicio a un lado y el agua en el otro. Desde luego este no es un paseo para los que sufran de vértigo, como es mi caso.  Después de muchas curv
as, algunos traspiés sin consecuencias y otros pasos algo más difíciles, por fin vemos en el horizonte el mar y Nerja, ¡Frigiliana tiene que estar ahí ya! Y de repente se termina la acequia y pisamos tierra firme, solo nos queda atravesar todo el pueblo antes de llegar a los coches donde por fin podemos quitarnos los zapatos que es lo único que nos queda húmedo, la ropa ya hace mucho rato que se secó.

Ahora solo nos queda buscar un bar donde delante de una cerveza muy fría  comentamos los incidentes del día y vamos preparando la próxima salida.

 

 

 

 

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