You need Joomla! 1.7 to run this plugin!

TRAS LOS PASOS DE “DON GERALDO”

Imprimir
Categoría: Senderismo

Yo se que hablar de los viajes que uno realiza puede despertar sentimientos diferentes en el lector. Sentimientos que van desde la envidia, la admiración o la curiosidad. Mi motivación a la hora de comunicar la visita que Mª Carmen y yo hemos realizado a Las Alpujarras en las pasadas navidades es sobre todo difundir las infinitas posibilidades que tiene aquellas tierras para que, en la medida de las posibilidades de cada cual, podáis organizar y disfrutar alguna visita en algún momento por aquellos parajes que aunque sean conocidos por casi todos aún queda mucho por descubrir.

 Hablar de Las Alpujarras es, entre otras cosas, rememorar a Gerald Brenan. La vida de este hispanista inglés transcurrió durante largas estancias en el pueblo Alpujarreño de Yegen desde 1.920 hasta 1.935. Fruto de ello surgió el libro Al sur de Granada que ha constituido mi “guía espiritual” antes, durante y, posiblemente también, después de mi visita alpujarreña.

Este hombre, más conocido en el lugar como “Don Geraldo” además de ligar con todas las chicas posibles del pueblo, se dedicó a sus pasiones favoritas: la lectura y las caminatas.

Centrándonos en el tema de las caminatas, leer los pasajes que Gerald Brenan dedicó a la descripción de la zona y poder vivirlo de manera inmediata ha sido una experiencia inolvidable.

Unas de nuestras primeras excursiones fue la ascensión al pico de San Juan (2.786 m.) La ruta la comenzamos desde el Cortijo de la Sacristía, donde se cruza con un tramo del Sulayr. Fue una dura y larga subida hasta el puerto del Lobo desde donde se puede observar las dos vertientes de Sierra Nevada, la que da a la zona del Marquesado y a la Alpujarra oriental. Desde allí subimos al Alto de San Juan donde nos impresionaron las vistas del Mulhacén, de La Alcazaba y otros “tresmiles” vistos desde atrás. Pues bien, aquella noche coincidió que la lectura del libro se refirió al puerto del Lobo. Brenan se refiere a este lugar de una manera dramática:

“El paso que normalmente tomaba era el Puerto del Lobo —otro nombre mal aplicado, pues la palabra árabe de la que deriva es loh, que significa tabla, y el puerto es un trozo de tierra estrecho y llano—. Situado a una altura de unos dos mil metros sobre el nivel del mar, se abre a las mulas de carga solamente de mayo a octubre, aunque un hombre a pie podía pasarlo durante los meses de invierno si no le asustaba el riesgo…  Al llegar por fin a la cima uno se encontraba sobre una pequeña y estrecha llanura donde se alzaban varias cruces de madera. Eran de pobres vendedores que con sus delgadas ropas de algodón habían cruzado la cordillera para vender sus sardinas y boquerones en los pueblos del otro lado, y habían sido sorprendidos por la nieve o el viento helado: aparecían luego sus cuerpos con los ojos comidos por los cuervos”.

Otro pasaje del libro que me impresionó fue cuando describió la caminata que hizo desde Granada capital hasta el pueblo de Yegen. Lo cuenta de la siguiente manera:

“Un mes de septiembre, un poco antes de las primeras lluvias, me entró la locura de hacer el viaje desde Granada hasta mi casa, andando, en un solo día. Salí de la ciudad a las tres de la madrugada, llegué al pueblo de Güejar-Sierra al amanecer y encontré un bar abierto, donde tomé un vaso de café. Desde allí hasta la depresión de la laguna de Vacares hay una subida casi continua y próxima a los dos mil quinientos metros, y al encontrarme envuelto en una nube en la cima tuve la suerte de poder ver la laguna bajo su aspecto más solemne y misterioso: un bloque de hielo flotaba todavía en su superficie y un cuervo graznaba en la niebla que se rasgaba y cerraba a mi alrededor. No había rastro, sin embargo, de pájaro blanco alguno, pese a que me senté al borde del agua a tomar mi almuerzo de pan e higos secos. Luego, al descender a El Horcajo, pude comprobar que los pastores se habían marchado y, tras perder mi camino durante un rato en la niebla, llegué al castañar de Bérchules hacia las seis de la tarde. Allí tomé café y jamón con huevos, emprendí la ruta normal al oscurecer y llegué a casa a las diez de la noche. Fue un largo paseo —unos noventa kilómetros—, pero en las montañas uno puede caminar sin detenerse nunca”.

Esta lectura nos sugirió varias excursiones. Una de ella fue caminar hasta El Horcajo. La ruta comienza en la iglesia de Trevélez y discurre junto al rio del mismo nombre. Al principio pasamos un frío de muerte pero al final el sol se impuso y pudimos disfrutar de un gran día. La belleza del paraje es infinitamente superior a su lectura. Quedó pendiente llegar hasta la laguna de Vacares, pero todo se andará.

La otra excursión que hicimos fue la del Castañar de Bérchules. La ruta se denomina “Junta de los ríos” y transcurre por la antigua vía recorrida por los arrieros que comunicaban la Alpujarra con el Marquesado. La vuelta la hicimos por otro lado y nos permitió examinar el final de un tramo del Sulayr y lamentar que este sendero tan maravilloso acabe de una manera tan triste.

Interesantísimo resulta leer también las recomendaciones que “Don Geraldo” hacía sobre el equipamiento del senderista. Lo digo por si alguno piensa ir en estos días a las rebajas para que lo tenga en cuenta.

“Como tengo cierta experiencia de las montañas españolas me gustaría ofrecer al caminante aficionado unos cuantos consejos. Lo mejor es utilizar calzado con suela de cáñamo, y no botas de cuero, porque resbala con más dificultad y también —y éste es un punto importante— pesa menos. La cuestión es encontrar un calzado que esté bien cosido a la suela. El mejor son las botas de lona especiales para los deportistas. De otra forma se corre el riesgo de que las llamadas alpargatas se descosan en la cima de una montaña y el excursionista se vea en la situación de bajar descalzo. Es cierto que, si uno camina por los valles altos de la Sierra Nevada con un calzado así, se mojará los pies, pero esto no debe preocupar demasiado porque se secan en seguida. También debo decir que mejor que una mochila es llevar alforja, como las que usan los campesinos de La Alpujarra para meter la comida, debido a que ésta cuelga flojamente y no presiona sobre la espalda empapándola de sudor como la mochila. Si no se puede conseguir una de estas alforjas, se puede usar una bolsa de viaje”.

Gerard Brenan también fue un gran aficionado y experto en botánica. Cúal fue mi sorpresa al leer esto: “Otra planta de especial belleza es la peonía andaluza, Paeonia coriácea, que es la más bella de las tres o cuatro especies europeas. Aunque aparece en las pendientes más bajas de Sierra Nevada, se la puede ver mejor aún en la zona costera entre Granada y Antequera”.

En resumidas cuentas, un viaje lleno de lugares con muchas leyendas y unas leyendas increíbles para unos lugares maravillosos.

Y una última recomendación: si no podéis visitar la Alpujarra, por lo menos leeros el libro “Al sur de Granada”. (Disponible también en película)

Reinaldo Pérez Sandoval

  • alpujarras1
  • alpujarras10
  • alpujarras11
  • alpujarras12
  • alpujarras13
  • alpujarras14
  • alpujarras15
  • alpujarras16
  • alpujarras17
  • alpujarras18
  • alpujarras19
  • alpujarras2
  • alpujarras20
  • alpujarras21
  • alpujarras22
  • alpujarras23
  • alpujarras24
  • alpujarras25
  • alpujarras26
  • alpujarras27
  • alpujarras28
  • alpujarras29
  • alpujarras3
  • alpujarras30
  • alpujarras31
  • alpujarras32
  • alpujarras33
  • alpujarras34
  • alpujarras35
  • alpujarras36
  • alpujarras37
  • alpujarras38
  • alpujarras39
  • alpujarras4
  • alpujarras40
  • alpujarras41
  • alpujarras42
  • alpujarras5
  • alpujarras6
  • alpujarras7
  • alpujarras8
  • alpujarras9

Envía tus comentarios...

    Copyright 2011 AMIGOS DEL TORCAL.

    Administrador

    Web Artesanos & Lokofilms

    Free Joomla Theme by Hostgator